Nieve negra… y borrosa

Nieve negra es la típica película ¡Uf! Sales del cine con la idea de “no está mal pero… tampoco está bien… ¡Uf!”, pero vayamos por partes. Las interpretaciones de Leonardo Leonardo Sbaraglia y de Ricardo Darín, los protagonistas que dan vida a dos hermanos, son impecables. El primero es Marcos, y con esa carita de niño guapo que no ha roto un plato, va del bueno de la peli pero al mismo tiempo, se reserva y transmite un lado  opaco, un ‘algo que está escondiendo’ que te hace tomar cierta distancia de él y desconfiar por una sutil cobardía que demuestra, de esas que se intuyen peligrosas. El segundo, supuestamente el malo, da vida a Salvador, un personaje que está en las antípodas de los roles a los que nos tiene acostumbrados: es hosco, un animal herido, desaliñado, áspero, resentido, agrio y de muy pocas palabras. Da miedo y pena.

Nieve negra es el primer largometraje en solitario como director de Martín Hodara, ya que La señal, que no se estrenó en España, la codirigió con su protagonista, Ricardo Darín, tras asumir éste la tarea a la muerte de Eduardo Mignogna, en 2006. Hodara, asimismo es el autor del guión junto a Leonel D’Agostino. Este drama familiar con ansias de thriller nos habla del reencuentro, tras décadas sin verse, de Salvador, que vive aislado en su refugio de montaña, con su hermano Marcos, que reside en Madrid.  A causa del fallecimiento de su padre Marcos y su mujer Laura (Laia Costa), que está embarazada, viajan desde España a Argentina para convencer a su hermano mayor de vender las tierras que comparten por herencia. Con un inevitable enfrentamiento entre ambos reaparecen oscuros secretos del pasado. Hasta llegar a desentrañarlos la película se desarrolla más con sus menos que con sus más, básicamente por fallos del guión, del desarrollo de los personajes y un montaje dudoso que hacen que la narración patine. No obstante cuando se estrenó el pasado enero en Argentina llegó a superar los 635.000 espectadores lo que la convierte una de las películas más vistas en dicho país en los últimos meses. Es fácil suponer que el hecho de que sea la primera vez que Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia trabajan juntos tenga  mucho que ver con este dato.

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Marcos y Salvador, dos hermanos marcados por un viejo drama familiar.

La acción de esta producción hispano-argentina transcurre supuestamente en algún lugar de la Patagonia, pero la cinta fue rodada en las tierras nevadas de La Seu D’ Urgell, en el Pirineo catalán, y en Andorra. Y es precisamente la nieve la que funde el pasado y el presente de los personajes, lo que da lugar a que en algunos momentos, el espectador se pierda en los tiempos. La fotografía del entorno y el sonido -que en algunos diálogos no resultan tan claros como debiera- son fantásticos, tanto es así que a uno le da la impresión de estar viviendo dentro de ese clima tormentoso. En general toda la fotografía tanto en la ambientación de la película, con las penumbras y clarososcuros de los interiores o unos primeros planos impactantes que dicen lo que las palabras callan son excelentes. En cuanto a lo demás… ¡Uf!

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Laia Costa da vida a Laura, la mujer de Sbaraglia, un matrimonio cuya relación Hodara no traza con nitidez.

Se diría que hay escenas que sobran, como la mención de una enigmática madre que ni pincha ni corta en la historia, y hay otras que faltan. Por otra parte, el director deja varios cabos sueltos sin resolución. Otro de los fallos es el uso y abuso del flashback, no está correctamente dosificado y desgasta. El personaje de Laia Costa, que de algún modo va descubriendo la historia junto al espectador, es rarito, no queda muy claro de qué pie cojea y parece que la propia actriz al dar vida a Laura, tampoco lo sabe. Una falta de definición que se repite con Dolores Fonzi, que da vida a la hermana traumatizada de los hermanos y con Federico Luppi, que tiene un papel secundario: no te enteras de si es bueno, malo o de qué bando está o si está en algún bando. Luppi, que en su época tuvo un momento de gloria, vuelve a interpretarse a sí mismo interpretando.  Nieve negra, aunque le pongas mucha buena voluntad, decepciona. El final, cual conejo sacado de la chistera de un mago, está mal cosido en la narración, está forzado y no acabas de creerlo. En fin, otra vez ¡Uf!. Nieve negra puede verse siempre y cuando uno vaya al cine con pocas expectativas.

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Luppi y Sbaraglia.

Por cierto, el título del largometraje responde al color que adquiere la nieve cuando le cae sangre.

 

NIEVE NEGRA se estrena el  12 de abril.

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