LAS COSAS DEL QUERER

«Solo una vez»… Esa maldita lacra

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«Solo una vez», el primer largometraje dirigido por Guillermo Ríos, se sumerge en el tema de la violencia de género desde distintos puntos de vista sin caer en convencionalismos  y sin juzgar. Basada en la obra teatral del mismo título de Marta Buchaca, la película supone el regreso de una espléndida Ariadna Gil a la que no veíamos desde 2014 en la gran pantalla. Junto a ella, Álex García y Silvia Alonso.

Entramos en «Solo una vez» en moto, la que conduce y aparcará Pau (Álex García) en la puerta de un edificio -de Servicios Sociales- al tiempo que no dejamos llevar por la banda sonora: suena la aterciopelada voz de Alice Wonder que canta en inglés. La canción es hipnótica, preciosa, pero… ¡Me chirría el idioma! y me pregunto ¿Por qué en una película española meten un tema inicial en otra lengua? No puedo responderme. Y me vuelvo a sumergir en la pantalla pero no olvido la cuestión. Cuando acaba la peli, y con la intención de justificarme este detalle y perdonarle la vida al director por distraerme con ese algo tan irrelevante, me digo: «Ah, la última canción, la que acompaña los créditos, también la canta Wonder, pero está en español. Será una metáfora sobre lo que no entendíamos al principio y lo que ya comprendemos al final», me digo.

Álex García da vida a Pau, un escritor exitoso que es denunciado por violencia machista.

Seguramente no tengo razón, pero a mi modo de ver el primer largometraje de Guillermo Ríos despierta dudas, varias, y es un patchwork de moléculas emocionales que refuerzan y dan otras voces a la trama. Tratándose como se trata de la adaptación de una obra teatral, en la gran pantalla los diálogos llevan la voz cantante de la historia, quizá en exceso, así que esos matices camuflados -en la fotografía, en los silencios o en los ruidos- son imprescindibles.

Guillermo Ríos, director, productor, guionista y editor, leal a su interés por la temática social (recomiendo encarecidamente ver “Nasija”, 2007, su cortometraje, que ha sido el más premiado en España y premiadísimo fuera de nuestras fronteras), se estrena en la dirección de un largo con esta historia basada en la obra homónima de Marta Buchaca. Ambos han trabajado mano a mano en el guión, han añadido personajes que no están en el original y le han dado aires de thriller psicológico. Más allá de mis delirios subjetivos en cuanto a la música, «Solo una vez» nos ofrece una panorámica ¿inédita? sobre la violencia de género desde múltiples (y útiles) puntos de vista, huyendo de cualquier estereotipo y sin juzgar. Uno de los alicientes del filme es el regreso de una magistral Ariadna Gil («Tierra hostil» y «Parking») a la que no veíamos en cine desde 2014, acompañada, como mencionamos, por Álex García («Litus», serie «Antidisturbios«) y Silvia Alonso (”Hasta que la boda nos separe«La lista de los deseos»).

«Solo una vez» deja en evidencia que la violencia de género -física o psicológica- no entiende de cultura, dinero, raza, educación… Es una lacra ante la que ninguno de nosotros estamos inmunizados.

Silvia Alonso, estupenda en su matamorfosis, es Eva, una mujer desenvuelta, pija y que va por la vida
a la que «esas cosas no le pasan».

Laura (Ariadna Gil), una psicóloga en un centro del servicio de atención a las mujeres que sufren violencia de género, hace unas semanas que es acosada por el marido de una de sus pacientes. Siente miedo, pero aparentemente lo interioriza y controla. En esta situación, debe tratar una pareja que nunca ha puesto los pies en un centro de este tipo: Eva (Silvia Alonso) y Pablo (Álex García). Por una serie de malentendidos a él su suegro le ha denunciado por malos tratos, pero Pau, un novelista de éxito, afirma con contundencia no ser ningún maltratador, y Eva, editora de libros, le respalda negando ser una mujer maltratada ella «no es de esa clase de mujeres».

Laura pasa consulta a Pablo y Eva por separado, y, finalmente, decide hacer una terapia conjunta donde saldrá a la luz toda la verdad.

Y, por supuesto, las apariencias engañan.

Pronto se descubre que Pablo le pegó; sí, pero sólo una vez, y tenía un buen motivo para hacerlo. ¿Cuál era ese motivo? -si es que existiera alguna razón- ¿Por qué Eva cree que la reacción de Pablo fue justificada? Laura pasa consulta a Pablo y Eva por separado, y, finalmente, decide hacer una terapia conjunta donde saldrá a la luz toda la verdad.

«Solo una vez» deja en evidencia que la violencia de género -física o psicológica- no entiende de cultura, dinero, raza, educación… Es una lacra ante la que ninguno de nosotros estamos inmunizados. Todos podemos ser agresores o agredidos y quedar atrapados en una relación tóxica sin ser conscientes de ello o sin reconocerlo. Todos escondemos una bestia violenta dentro que, más controlada, conocida, adormecida u amordazada, puede liberarse cuando menos lo esperas. En la película también se describe a la perfección cómo se ven a sí mismos el maltratador y víctima: esos reflejos no son un autoengaño, son ceguera, impotencia y convicción. El tema del filme está tratado excepcionalmente. El modo de contarlo es otro cantar.

Ríos se deleita enfocando y retratando a los personajes en planos medios cortos, como si quisiera que el espectador fuera absorbido por cada uno de ellos. Parece pedirnos que nos centremos y nos pongamos en su piel, que los aceptemos y comprendamos, tal como son. Y, como el largometraje se articula por los diálogos y no por las acciones, se diría que con esa cercanía visual lo consigue. Además, la escasez de dinámismo sumada a las pocas localizaciones contribuyen a que las historia sea asfixiante, densa y claustrofóbica…Tanto como la ansiedad interna de Pau y Eva a los que les cuesta asumir la realidad. En contrapartida, abundan las dichosas moléculas emocionales: exteriores luminosos, el mar, espacios abiertos, espacios vacios, silenciosos, testigos mudos y detalles, muchos detalles que dan una vuelta más a lo que se está contando, como por ejemplo la brocha cargada que tapa una pintada insultante. Puertas que se abren y se cierran, imágenes que sugieren evasión. La película, como la moto del protagonista, transcurre sin demasiada velocidad y así se mantiene, sin sobresaltos.

Pau y Eva, una pareja ideal a ojos de la sociedad, no entiende muy bien porqué él tiene que ir a terapia.

En lugar de sentirse como en el cine, el espectador es partícipe en las sesiones de terapia. Hay momentos en los que a la trama le falta «un sólo de batería», la historia está demasiado contenida, los personajes están contenidos y los espectadores están a la expectativa de que pase algo, de que todo lo que tiene que explotar, explote… Guillermo Ríos se desliza demasiado tiempo sobre el hielo, por lo que en el momento de la explosión, por tardía, le quita rotundidad. Respecto a las interpretaciones, los tres protagonistas bordan a sus personajes, absolutamente creíbles en su progresiva transformación. Lo dicho, «Solo una vez» vale mucho la pena por su temática y la manera de tratarla. Es una disección minuciosa sobre la violencia de género. Eso sí, nos vayáis al cine si no habéis dormido bien porque la monotonía del desarrollo puede convertirse en una estupenda canción de cuna.

«SOLO UNA VEZ» SE ESTRENA EL 11 DE JUNIO.

2 Replies to “«Solo una vez»… Esa maldita lacra”

  1. De la manera que lo contas, dan ganas de verla, lo de canción de cuna me preocupa…

  2. Bueno, puede que haya exagerado un poco. A la peli le falta ritmo, pero el modo de tratar el tema de los malos tratos es esclarecedor.

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