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LAS COSAS DEL QUERER

«Sordo»: el rugido del silencio

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Nos vamos de estreno para ver el segundo largometraje de Alfonso Cortés-Cavanillas. Una película en la que deslumbra el trabajo de los equipos técnicos, especialmente el de sonido, la interpretación de Asier Etxeandia y de Marian Álvarez y las ganas de lo que podría haber sido de no haberla sobrecargado con «caprichos» insustanciales.

Sordo es una película que hay ver con los ojos, con los oídos y con nuestro instinto animal sin recurrir para nada a la cabeza o a la lógica a riesgo de sabotearnos su disfrute atragantándonos de «peros». Es un spanish western de posguerra (aunque pueda parecer un concepto desafinado), hay buenos y malos (todos muy humanos), no se hace hincapié en política ni se toma partido. Inspirada en el cómic homónimo de Rayko Pulido y David Muñoz la historia transcurre en 1944, durante la denominada Operación Reconquista y narra la huida y el afán de supervivencia de Anselmo Rojas (Asier Etxeandia). Él es un guerrillero que se ha quedado sordo tras una explotación accidental durante un sabotaje fallido y huye perseguido y asediado por el Ejército.

Sordo es un thriller, una peli de aventuras, acción y drama, pero sobre todo es el capricho de un equipo entregado a hacer lo que les apetece y cómo les apetece. Y es que en La Caña Brothers, la productora, son la caña: se deslizan por sus proyectos sin señales de tráfico -stop, ceda el paso, semáforos, calle sin salida, etc.- pero también sin temor a estrellarse se o tragarse una farola. Eso les da igual. Lo importante es rodar. Su única obsesión, tal como ellos mismos dicen, es “contar historias”.  Y en ese sentido el director y cofundador de la productora Alfonso Cortés-Cavanillas se ha salido con la suya y bastante bien parado. Un resultado positivo apuntalado por el talento y sapiencia de un equipo técnico que sobresale y un acertadísimo reparto con un soberbio Asier Etxeandia a la cabeza. En su primer papel de prota total, tras el éxito de Dolor y gloria, el último chico Almodóvar, secundado, acompañado y acunado por Aitor Luna, Hugo Silva, Imanol Arias, Marian Álvarez, Olimpia Melinte y Stephanie Gil deja muy clarito su amplio registro interpretativo y que no es solo el actor de moda. Asumidos estos aciertos, también hay que subrayar que la batuta a Cortés-Cavanillas, en éste, su segundo largometraje tras «Los días no vividos» (ganadora del Cine­mafest de México en el año 2014), parece sufrir cortocircuitos o espasmos que hacen que la composición pierda ritmo, como si se le hubieran traspapelado las partituras durante el rodaje.

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Alfonso Cortés-Cavanillas y Asier Etxeandia durante el rodaje.

Pero vayamos al grano, el auténtico protagonista de esta producción es el silencio, esa sordera -física, espiritual y multidireccional- que acompaña, atemoriza y  boicotea a Anselmo. Una sonoridad, unos silencios y una música que hacen del trabajo de montaje de sonido de Daniel Rodrigo uno de los mayores aciertos de la cinta. No cualquiera puede imaginar, materializar, reproducir y hacer sentir al espectador el vacío, la angustia, el vértigo, el aislamiento, la desolación y el miedo que puede provocar un inesperado, inevitable y total mutismo atronador. Y en esa misma tesitura se sitúa la interpretación de Etxendia: contenida, comedida y veraz, cuando el riesgo de caer en la sobreactuación estaba a la vuelta de la esquina. El actor está impecable en la transformación de su personaje que, atrapado por su minusvalía, el pánico que esta le provoca y un entorno natural al que no se adapta, se vuelve paranoico, más animal que hombre y se diluye en la locura. Completa este pack de desolación auditiva la intensa y profunda fotografía del paisaje dirigida por Adolpho Cañadas, cuya inmensidad hace que el protagonista aún se vea y sienta más minúsculo y vulnerable… Aunque en este caso, se podrían haber ahorrado unas cuantas instantáneas de estas bellísimas postales de la naturaleza cántabra (¡que es Sordo y no El señor de los Anillos!) de las cuales se regodean… No habrán sabido cuáles descartar. Una imagen vale por mil palabras y sobre todo en una película en la que el diálogo se reduce a lo esencial.

La lucha por la supervivencia y la incomunicación que surge en tiempos de conflicto son claves en la historia de su protagonista Anselmo Rojas. 

Otro aspecto a destacar -algo a lo que no siempre se le presta la atención que se merece- es la dirección de arte que destaca en los títulos de créditos, la tipografía y el falso subtitulado en ruso -muy del cómic, creativo y divertido-, mérito de Mónica de la Fuente y Mateo Mariotti.

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Concha de Plata a la Mejor actriz en el Festival de San Sebastián y Goya a la Mejor actriz principal, por su papel en «La Herida» de Fernando Franco, en 2013, Marian Álvarez da vida a Rosa Ribagorda.

Siguiendo con lo bueno del filme, el sargento Manuel Castillo de Imanol Arias es un portento que deja a flor de piel la parte más humana y descarnada del actor que en la peli, muy lejos del madurito de buen ver al que nos tiene acostumbrados, parece poca cosa. Castillo es un militar cansado, un señor mayor que ya tiene muchas batallitas y no quiere más, un hombre reconvertido en humilde y sin orgullo ¿para qué me sirve?.

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Imanol Arias cede todo su look habitual de galán madurito en favor de la credibilidad de su personaje el sargento Castillo.

Otro tanto ocurre con Rosa Ribagorda el personaje de Marian Álvarez que se supera a sí misma ¿cómo alguien tan roto puede aparentar estar entero y que al espectador le tiren y escuezan sus grietas? ¡Cómo aguanta esos primeros planos! También merecen una mención Aitor Luna, que es el malísimo pero demasiado tópico capitán Ramón Bosch y Hugo Silva, aunque demasiado a contraluz para lucirse, encarnando al maqui apresado Vicente Roig… Y a partir de aquí es donde debemos entrar a mencionar los varios excesos, divagues y la arritmia de Sordo. Lamentablemente hay unos cuantos y notorios derrapes por carreteras secundarias -con subtramas, personajes y escenas prescindibles- que por no haber querido o podido meter el freno a tiempo le quitan lustre al resultado final.

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Olimpia Melinte es la mala malísima sin corazón Darya Sergéevich Vólkov, un personaje delicioso, muy de cómic, que se hubiera lucido en cualquier otra película, pero que en ésta no solo no encaja ni con calzador, sino que sabotea el hilo y ritmos conseguidos hasta su aparición.

La frase

Ves esta bala. Guárdala, y la próxima vez que te encuentres con uno de nosotros piensa que la llevas en el bolsillo y no en la cabeza”. Anselmo Rojas:

Digamos que la película tiene una primera parte brillante que engancha: limpia, clara, ordenada, con los personajes antagonistas definidos, hay acción, coherencia y te entran ganas de más. La segunda es todo lo contrario, los personajes se desdibujan, otros no deberían aparecer, el guión cambia de estilo y pierde ilación, se exagera con los simbolismos, se ralentiza y se alarga. Le hubiera venido de maravilla unos cuantos tijeretazos.

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De no ser por querer meter tanto en una misma cazuela, esta película hubiera dado en el blanco a nivel de innovación.

Cortés-Cavanillas leyó el cómic en 2010, se enamoró de la historieta y supo que rodaría. Trabajó siete años en el desarrollo y guión del proyecto, y finalmente Sordo se rodó en cinco semanas y con un presupuesto bastante ajustado: aquí un chapeau! por lo conseguido. La intención era buena, tanto como la innovación en estética y estilo, una pena que a Sordo la sobrecargaran de especias. Le han quitado todo el sabor al guiso.

PD: Entre los caprichos de La Caña Brothers: ¿a ver si pilláis el cameo de el periodista Jon Sistiaga -que dirige el programa Tabú para la productora- haciendo el papel de soldado abatido?

Sordo se estrena en salas de toda España el 13 de septiembre

 

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