Ren Hang, o la vida que no alcanza

El fotógrafo chino Ren Hang tenía 29 años, en un mes hubiera celebrado sus 30.  Pero el 24 de febrero se lanzó desde el piso 28 de un edificio en Pekín, otras fuentes dicen que lo hizo en Berlín (el desenlace, fuera donde fuera, de todos modos es el mismo). Cual un escudero fiel, una demoledora depresión le acompañaba incondicionalmente. Hablaba  abiertamente de ella e incluso dejaba constancia en su web, en la que escribía poemas y notas sobre sus obsesiones, su desesperación y sus crisis existenciales. Jamás renegó de su abatimiento, y fue el que quizá le dio el empujón definitivo. Cómo decía Bernard Shaw: “La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo”. ¡Mierda! Con todo lo que le quedaba por descubrir, vivir, crecer, cambiar y crear… Qué pena, qué equivocación.”Cada año tengo el mismo deseo: morir una muerte temprana” escribía el pasado enero en la red social china Sina Weibo, “Espero que ocurra este año”.

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Ren Hang retratado por Knut Koivisto.
La noticia me impactó especialmente por la juventud de Hang, por su arte -Ai Weiwei, entre otra muchísima gente especializada, le había apadrinado por considerarle uno de los artistas emergentes chinos más importantes del momento-  y porque estaba viviendo uno de los momentos más gloriosos de su carrera, acababa de inaugurar las exposiciones  Naked/Nude,  en el FOAM  el Museo de Fotografía  de Ámsterdam y  Human Love, en el Fotografiska de Estocolmo y era el autor cool y de moda en China tanto para revistas como para publicidad y campañas de marketing.

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El libro editado por Taschen.

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Imágenes del libro. R.H./Taschen.
Todo esto viene a cuento un pelín más tarde, por la publicación de Ren Hang (39,99 ), su primera monografía editada por Taschen. Un excepcional libro -poco usual para la editorial que rara vez apuesta por creadores emergentes- que abarca toda su carrera compartiendo un manera de ver diferente, bella, de algún modo sencilla e inocente y con imágenes sexualmente ambiguas. “El género no es importante cuando estoy haciendo fotos, sólo me importa cuando lo practico” explicó en una entrevista a la revista Vice (ver el video, magníficas las fotografías de su álbum personal casi al final).

Antes del fatal suceso,  Dian Hanson, editora del volúmen, explicaba que desde hacía años buscaba un libro que explorara la sexualidad en China, y Ren Hang, nacido en Chang Chun en la provincia de Jilin, al noreste de China, superó todas sus expectativas. “Sus fotos juguetonas de jóvenes amigos, hombres y mujeres, abren una ventana fascinante a la libertad sexual en una sociedad, por otro lado, bastante conservadora”.

Nunca sentí que la desnudez fuera lo más importante de capturar; solo siento que es más natural y más atrayente. Además, mis amigos confían mucho en mí. R.H.

En China Hang era un proscrito.Y aunque renegó repetidamente que su trabajo tuviera algún matiz político -“La política de mis imágenes no tiene nada que ver con China. Es la política china la que quiere intervenir con mi arte”, declaró a Dazed en 2015- no pudo evitar que en su país, donde las autoridades virtualizan, disfrazan o censuran la realidad, consideraban su obra como “pornográfica” y “obscena”. “No poder hacer lo que te gusta en tu propio tierra es una manera muy trágica de vivir”, dijo en alguna ocasión este artista que residía en Pekín. Para algunos chinos los desnudos son tabú, para Ren, un poeta tanto literario como visual, eran en cambio su caligrafía. No todos sus compatriotas querían leerle o que le leyeran, por eso le perseguían, lo arrestaron varias veces, le confiscaron su trabajo y cerraron en repetidas ocasiones su web y sus cuentas en redes sociales.

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Una de las fotografías del libro de Ren Hang, de Taschen.
Más que por delirios de gran artista o por ser un guerrero reivindicativo, Ren, un tanto tímido e introvertido, hacía foto para comunicarse ¿a quién no le gusta tener followers? Él compartía gratis sus obras, tanto en su web como en sus cuentas de Facebook, Instagram y Flickr. Autodidacta, trabajaba “sin trucos” con una cámara compacta (Minolta 35) con flash incorporado, no cargaba con nada de equipo y tampoco requería ayudantes. Las sesiones, sin estudio alguno, las hacía en los sitios menos pensados y en plan reuniones de amigos, en las que abundaba el divertimento y el  amor por lo que estaban haciendo. Vivía con obstinación en el más puro presente, negándose a planificar sus fotos o su futuro. Su lema era “nada importa excepto el momento”. Practicaba los dictados del ahora, el flujo sin fin de la creatividad, mientras su depresión no le dejaba ni a sol ni a sombra.

Mis besos pueden ser finamente trazados en línea,

como la serpiente que se desliza a través de cada roca áspera

en el arrecife de tu tembloroso cuerpo.

Después te conviertes en serpiente, yo me convierto en roca,

y aún después todos nos convertimos en serpientes, entrelazadas,

nos convertimos en rocas, golpeándonos el uno al otro”.

(Fragmento de “Amor”, un poema escrito por Hang en 2016)

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Desnudos al desnudo, más poesía que líbido, más metáfora que realidad. R.H./Taschen
Sus imágenes son impactantes, a veces incómodas, espontáneas e instantáneas. Ni la premeditación, ni la reflexión tienen que ver con ellas. Son pura incontinencia y fluidez creativa. Hag comenzó a hacer fotos a los 17 años, básicamente por aburrimiento mientras estudiaba publicidad.  “Empecé a disparar desnudos por accidente. En la escuela, vivíamos en dormitorios para cuatro personas, por lo que a menudo veía a mis compañeros desnudos. Eran objetivos fáciles porque estaba a tiro y yo disparaba a todo”. Y siguió haciéndolo, hombres y mujeres, de borrosas formas andróginas, casi escultóricas, envueltas en atmósferas poco convencionales construidas con animales, alimentos u objetos cotidianos.

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En la vida todo es según el color del cristal con que se mire y Ren Hang la miraba según los colores que la vida le regalaba a través del objetivo de su analógica. “Nunca planeo las sesiones, y hago fotos siempre que me apetece. Es algo así como satisfacer tu sed. Espero los momentos naturales de belleza, casi tropezando con ellos”, decía.  Según la Rae, algo analógico dicho de un aparato o de un sistema, es el que “presenta información, especialmente una medida, mediante una magnitud física continua proporcional al valor de dicha información”. Pero ahora vivimos una existencia digitalizada, en la que las plantas, los animales o el humo con los que el fotógrafo ornamentaba sus desnudos pueden ser virtuales, tanto como lo que los demás puedan pensar de ti. Lo real no tiene porque ser real en realidad (valga la redundancia) y Hang era descaradamente veraz al reflejar su esencia en cada imagen. Vivía con obstinación en el más puro presente, negándose a planificar sus fotos o su futuro. Su lema era “nada importa excepto el momento”. Practicaba los dictados del ahora y a mucha gente eso no le gustaba.

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¿El éxito? No sé lo que significa. Me gustaría que la vida transcurriera sin más. Suavemente”.R.H.

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La madre del artista, que lejos de avergonzarse del trabajo de Ren, cuando se enteró de lo que hacía su hijo, se ofreció a posar desnuda para él. R.H.
Sensible, la última gota que ahogó su melancolía, fue la inestabilidad política global. La realidad duele y si bien a él todo le iba de maravillas, al parecer, tuvo más peso en su decisión que su propia felicidad. Así es la depresión, no entiende de razones. Ren Hang en algún momento escribió: “Si la vida es un abismo sin fondo, cuando salte, la caída sin fin será también una forma de volar”…  Qué pena, aunque siempre queda la esperanza de pensar que no fue la depresión la que le dio el empujón para lanzarse al vacío, sino otras manos y que la vida sí le alcanzaba.

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