LAS COSAS DEL QUERER

Javier Álvarez: «He tardado 45 años de mi vida en darme cuenta de que nací pedo»

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Javier Álvarez is back (está de regreso, a él le encanta el inglés). El autor de temas tan exitosos a finales de los 90 como La edad del Porvenir, Sunset Boulevard o Uno dos tres cuatro, nos recibe en su casa, en el centro de Madrid, muy ilusionado con la mini gira de conciertos que tiene previstos para este verano y con la inminente (re)aparición de 10, su último álbum. «Lo publiqué y lo quité, una decisión que me ha venido muy bien para hacer las cosas mejor todavía. Ya está a punto. Parte del disco se conoce y parte será sorpresa», dice con una sonrisa misteriosa.

Puede que sea algo contradictorio, algo tímido y algo imprevisible, pero JÁ, sobre todo es MUY artista. © Thomas Canet.

Si hubiera que definir la vida de este cantautor, con una palabra, la más adecuada sería «accidente», en su acepción como: «Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas,» según de la RAE. El término es casi un leitmotiv en la existencia de este madrileño cepa del 69. Niño superdotado, de esos que se ponen a leer las noticias cuando tú ni siquiera sabías que sabía leer, ya adolescente Javier seguía desconcertando al personal cuando, por ejemplo, le preguntaban qué quería ser de mayor. «Yo quiero ser Abba, Michael Jackson, Olivia Newton John James Taylor y todos los demás, o sea english» respondía convencidísimo. Ahí quedó la cosa, porque no había (ni hay) una universidad para especializarse en tales personajes. Así que en 1987 al acabar el COU se marchó a Londres, ciudad en la que más adelante estudiaría Filología Inglesa. «No tenía ni idea de lo que iba a hacer al acabar la carrera. Sin ser consciente de ello, lo más cercano a la pasión que yo tenía por la Pop Music era el inglés». No terminó su formación porque accidentalmente cayó en sus manos una guitarra y, sin apenas saber de acordes, nos cuenta: «Me fui a la calle, empecé a cantar versiones y la gente flipaba conmigo. Descubrí que mi camino era la música». Su destino no le permitió desviarse. Lo dicho: la vida a veces te sale, cae por su propio peso. «Exacto -asiente. Pero si pensamos en cómo se ha ido educando la Humanidad hasta ahora, y creo que ya va mejorando, deja mucho que desear en varios aspectos. Estamos muy maleducados en cosas muy básicas. No nos dan valores interesantes, sino los convencionales. Hay que ir más despacio de lo que en realidad se vende, a pesar de que luego todo, en el tiempo y el espacio, es relativo».

Diez el nuevo álbum está a punto de caramelo. Javier ha madurado y afirma que «el éxito que me venga desde este punto me va a apetecer por todo». ©T.C.

De las calles londinenses, ya convertido en un dulce y tímido trovador, se instaló con sus gorgoritos en el Metro de Madrid y, cuando le echaron porque estaba prohibido cantar, se plantó en el Parque del Retiro. JÁ se lo pasaba bien, entre los pajaritos, la gente que le escuchaba cantar, ganando algo de dinerillo y conociendo nuevos colegas cantantes y músicos. Todo iba sobre ruedas, hasta que casualmente (¡cómo no!) un cazatalentos le descubrió parqueando su voz y le propuso grabar un disco. En menos de un año pasó de ser un alegre y algo desconcertado desconocido a copar las listas de éxitos. A los dos, en 1997, fue Nº1 en los 40 Principales. La fama se le echó encima como un tsunami y él, que aún no había aprendido a chapotear, fue engullido por las enormes olas del éxito. «Con el primer disco padecí alguna manía persecutoria, muy fundada en la realidad, porque suscitaba un interés mediático descomunal. Yo no podía ir por Madrid andando porque las niñas salían del colegio gritando y persiguiéndome ¡No me lo podía creer! Todo eso, más los intereses económicos que te circundan, me hacían sentir como un objetivo. Resumiendo, dejé de dormir y por lo tanto, la cabeza se te va. Una de las cosas que aprendí, con estas experiencias, es que el dormir es más importante que comer. Beber agua, respirar y dormir es fundamental». Y así, cuando en realidad debería haber estado disfrutando de la aceptación y el prestigio de su arte, Javier Álvarez desapareció o lo que es lo mismo su cerebro hizo cortocircuito. «Estuve dos veces internado en un psiquiátrico por brotes gravísimos. La sensación era como la de haber salido fuera de mi y de impotencia por no poder volver a entrar». Mientras los medios y el público se preguntaban. «¿Dónde está Javier Álvarez?», él, acompañado y amparado por su familia, ingresaba en un hospital por un brote psicótico. «Cuando pasó la primera vez yo era súper famoso y monté un pollo muy gordo. Estaba de atar… Después de ahí, me dieron otros tres o cuatro brotes más que pude controlar y no fue necesario hospitalizarme. Desde entonces fui capaz de cuidarme, fue increíble porque lo conseguí».

JÁ dice de él que es pudoroso para ciertas cosas, que le encanta reír, que es «muy flor», o sea que siempre ve el lado positivo de las cosas, repite mucho «Soy esclavo de las musas».© T.C.

«También me lo he pasado súper bien, soy macarra y te lo cuento. Con las drogas he flipado: he follado como un loco, me he reído un huevo, he compuesto muchos discos… He vivido mucho sex drugs and rock and roll y no lo cambio por nada en mi vida».

JÁ habla de prisa, como si detrás de él corriera un editor (o censor) de diálogos dispuesto a cortar su discurso. Hay que decir que a medida que bebemos la deliciosa infusión de rooibos que nos ha preparado, el ritmo vertiginoso de sus palabras disminuye. Dice de él que es pudoroso para ciertas cosas, que le encanta reír, que es «muy flor», o sea que siempre ve el lado positivo de las cosas, repite mucho «Soy esclavo de las musas», que es «un discómano,  libromano y peliculómano voraz, que como todo artista es ególatra y hace hincapié en un «No tengo abuela y soy medio gilipollas». Su tema favorito es él «pero ojo, creo que a todas y todos nos pasa lo mismo, lo que ocurre es que como los artistas trabajamos con ello queda más en evidencia». La cuestión es que Álvarez ya ha aprendido muy bien su propio guión y cuesta lo suyo llevarle a las anotaciones del margen. Eso sí, no tiene pelos ni en la lengua ni en la cabeza (porque se la ha rapado) y responde a lo que haga falta sin inconvenientes, como con su hundimiento en una cuasi locura. Se cumplen seis de años de su última entrada en un hospital «para hacer un tratamiento y ya llevo seis años de estar en la flor de la vida». El cantautor ahora se ocupa y se preocupa por ser feliz. «En mi último descenso a los infiernos dejé todas las sustancias que alteran la consciencia y los excitantes como el alcohol, la cafeína, la teína o los refrescos ¡Salvo el chocolate de comer! Me como una tableta diaria y fumo diez cigarrillos al día».

¿Ambiguo? «No me caso con nadie y me caso con todas. Dejo clarísimo lo que soy en mis fotos, no hace falta ni escucharme». ©T.C.

También charlamos sobre el paso del tiempo, ya ha cruzado la frontera del medio siglo y no le preocupa: «¿Crisis, qué crisis? Desde que tengo 50 años soy mucho más feliz ¡Me siento como dos de 25!». Tocamos inevitablemente el tema del maldito Covid19, que no nos deja en paz: «Yo soy un flipado de la pandemia. Lo malo ya se sabe, se está muriendo muchísima gente, vamos con mascarillas, no podemos tocarnos… Y eso nos ocurre tanto en una favela de Río de Janeiro como en el palacio de Buckingham ¡Es democracia real! Todos tenemos que parar por cojones, al menos un rato». ¿Mal de muchos consuelo de tontos?, es su opinión, ya hemos advertido que el optimismo le gana. En cuanto a lo positivo del «bicho»: Lo bueno es mucho, tiene bastante de meditativo a nivel global. Yo en un año no he salido de esta casa. La pandemia ha sido un regalo de las diosas para llegar a nosotros mismos, yo lo veo como un crecimiento de maduración para la Humanidad». También tocamos el tema del amor, porque Javier es poeta, aunque no lo tenía asumido. «Lo he descubierto cuando hace nada repasaba mi discografía por curro, y me he dado cuenta de que soy muy poeta ¡Guau, soy poeta! Antes lo intuía pero me daba pudor y ahora me digo «es que tengo un discurso poético bestial. Todas mis canciones son poemas, lo que he hecho es poesía». Nunca es tarde para sorprenderse a uno mismo. Por lo tanto estamos ante una autoridad para hablar de romances, del amor y el desamor: «Me he enamorado por accidente cuando me he enamorado y me ha ido bien. Soy una persona con muchísimo amor, que quiere mucho y a la que quieren mucho»

Un Ping Pong dialéctico (y otra taza de té)

Brote psicótico: ¿Cómo fue? ¿Cómo te diste cuenta?

Yo no me di cuenta y ni sabía lo que era. Me desbordé. Lo que sentí fue bestial, una locura, como un cóctel de falta de experiencia, presión extrema, estrés y no parar. He tenido una suerte brutal: he salido de la cordura, he estado en la locura, se me fue la olla y he vuelto a entrar.

¿Nada de drogas duras?

Cuando me dio el primero, en el año 96, solo hacía botellón, básicamente cerveza y porros, poquitos, los suficientes. ¡Yo no había probado ni una raya! Nunca he sido adicto al nivel de otras personas, porque mi tolerancia no da para tanto. Yo no necesitaba meterme demasiado de nada para que se me fuera la pinza. Era yonqui de huída. Me enganché a la noche, a la fiesta, a estar en otro sitio. Era como una anestesia, huía de mi mismo. Tenía un lío monumental. Cuidado España: el brote me dio por el hachís que como la marihuana son más psicóticos que la cocaína.

¿Lo peor que recuerdas?

Fue en el segundo álbum cuando acabé atado a una cama del hospital porque no dejaba dormir a los demás. Nunca fui un enfermo agresivo o violento, a mí me daba por dar besos o repartir dinero. Las dos veces que me dieron el alta en el hospital, al reincorporarme a mi vida tuve unas depresiones de caballo, de morir, de estar en la cama y no querer moverme. No era tanto las ganas de morirme como las de no querer vivir y no es lo mismo. Estuve varios meses muy mal.

De su paso por el psiquiátrico JÁ rescata a «Los amigos, la gente que quiero y que quiero mucho. Mi última estancia fue importante en mi carrera, ha sido un máster condensado». ©T.C.

¿Toda aquella época ahora es un mal sueño?

Esa etapa ya es historia. Aunque también me lo he pasado súper bien, soy macarra y te lo cuento. Con las drogas he flipado: he follado como un loco, me he reído un huevo, he compuesto muchos discos… He vivido mucho sex drugs and rock and roll y no lo cambio por nada en mi vida. Siempre he sido un disfrutón. Mi psiquiatra me dijo «Javier ni se te ocurra nunca más volver a fumar cannabis», cuando el tratamiento que yo hacía entonces era por la cocaína. Me miró y lo entendí perfectamente: a mi cabeza el cannabis le pega una ostia mucho mayor que cualquier otra sustancia. He probado el caballo y tengo la suerte que me da mucha grima lo de las venas y nunca me he pinchado pero lo he fumado, he tomado pastillas, ketamina, hongos… Mil cosas. Ya no. Mirando hacia atrás y habiendo vivido lo vivido, me he dado cuenta que he tardado 45 años en darme cuenta de que nací pedo. Mi cabeza es la de un tío que no necesita nada para estimularse. A mí me das una caña y me resta.

¿Tienes miedo de que en cualquier momento te pueda dar otro?

Ya no tengo peligro de brote. En mi caso está clarísimo que eran las sustancias las que los provocaban. Me puede pasar de todo, pero sé que nunca más en mi vida me voy a volver a drogar porque que no me cuesta nada conseguirlo. Pero si de repente me quedo sin tomar fruta ¡me muero!… No sabría qué hacer.

¿Te incomoda que hablemos de esto?

Estoy encantadísimo totalmente, es un placer el poder contarlo a posteriori, habiendo salido ileso y habiendo triunfado. Otra psicóloga que me trató unos años después me dijo: «Tienes un cerebro súper estructurado» y es verdad, no me ha quedado ninguna secuela. Nunca he tendido paranoias o delirios como de ver cosas que no existen o están fuera de la realidad.

De joven Javier decía que su ambición era se Abba, Michael Jackson, Olivia Newton John James Taylor y un largo etc. Acabó siendo él mismo. ©T.C.

Hay una frase que dice que los locos y los niños tienen la verdad, por eso a los locos se los encierra y a los niños se los educa. ¿Estás de acuerdo?

Es una puta maravilla… Y los borrachos también dicen la verdad. Pero hay un punto en que siempre se dice la verdad, aunque mientas estás diciendo la verdad. Y ahí depende de tu interlocutor.

Volviendo a cómo la vida te va llevando, por ejemplo a la música ¿Has tenidos más accidentes cruciales por el estilo?

En el amor. He tenido tres parejas, una chica y dos chicos. El amor de mi vida ha sido el último chico con el que estuve 10 años. Ya no creo en la pareja, a pesar de haber vivido el amor más bestial que es estar enamorado y ser correspondido. Es lo más grande que hay pero no quiero más. No creo que sea la opción ideal. Casos como el de mis padres que llevan toda la vida juntos son súper raros. Pienso que es mejor el camino en soledad y acompañado a ratos, y con mientras más gente mejor, pero siempre con amor. Lo que no me parece de recibo es la violencia y la imposición.

«Antes cuando no había móviles, la única forma de poder grabar las melodías que me rondaban era llamar a casa de mis padres y decir «papá no cojas el teléfono y deja que salté el contestador» y las dejaba grabadas en el contestador»

Amores sí ¿Y desamores?

Varios. Uno a los 16 años que me supuso un sufrimiento muy potente durante años que fue tremendo… Fue como mi primera depresión sin ser clínica. Fue una experiencia muy dura y maravillosa, creo que de lo malo se aprende mucho más de lo bueno.

¿Qué inspira más para las letras y para la vida: estar enamorado, tener el corazón roto o que ni lo uno ni lo otro?

Todo. Que la inspiración me pille trabajando, como decía Picasso y lo he entendido haciendo el último disco aquí en esta casa: me lo impuse y he visto que soy capaz, que si quiero lo puedo hacer. Pero no tiene nada que ver con la inspiración, soy de hacer las cosas cuando me vienen. Las musas está allí y te llaman ellas, no a la inversa. Soy esclavo de las musas en todo.

De tus canciones ¿cuál es tu favorita?

El mar.

¿Cómo haces para componer, tienes alguna técnica?

De cabeza. Lo más flipante es cuando te viene una canción completa. Antes cuando no había móviles, la única forma de poder grabar las melodías que me rondaban era llamar a casa de mis padres y decir «papá no cojas el teléfono y deja que salté el contestador y las dejaba grabadas en el contestador. Recuerdo que iba estaba andando por la Glorieta de Ruíz Jiménez y me tuve que sentar porque de pronto me vino » Los años de papel te vuelven a cegar, Como a Norma Desmond en Sunset Boulevard «¡Me salió de un tirón! Casi como una posesión y dije: «¿Qué es esto?» Ni puta idea de lo que quiere decir. Estás poseído y te conviertes en un canal. Sunset Boulevard forma parte de Dos, el disco más loco que tengo porque lo que hice entre la locura y la cordura, poéticamente es de una hondura alucinante. A día de hoy lo escuché hace unos meses y flipé porque no lo entiendo. ¿Qué quiere decir esto? Cuando alguien me dice «lo que tú quieres decir en esta canción…» Me asombra y es fantástico.Siendo cuasi filólogo, para mí las letras son secundarias, diría un poco más que unos instrumentos: guitarra, bajo, batería y la letra. No es letra y música.

«Que la inspiración me pille trabajando, como decía Picasso y lo he entendido haciendo el último disco, aquí en esta casa». ©T.C.

Aute, Silvio Rodríguez, Sabina; Antonio Vega; tú, Pedro Guerra, Ismael Serrano, tú y ahora Pablo Alborán… ¿Cómo definirías las características de la distintas generaciones de cantautores?

Me gustan mucho  los nombres que has citado y que termines en Pablo Alborán, que es un poco Miguel de Molina. Los admiro. Me identifico bastante con Aute y con Antonio Vega, por su sensibilidad, sus discursos y sus obras. Pero de entre los nombres que has dicho me falta el perreo, el trap -que me flipa aunque no lo controlo-  Tangana, Maluma y Rosalía ¡Mis favoritos y los que más me interesan de todos! En cuanto a las características, las etiquetas son interesantes, pero al igual que el abecedario y los números: solo son pistas.

¿Es fácil hacerte daño? pareces una persona muy frágil…

Soy muy frágil y muy fuerte. Es muy fácil hacerme daño pero te voy a decir una frase un tanto punki y políticamente incorrecta: «Pégame y tendrás mujer para siempre».

Un  masoca, entonces…

No, pero juego mucho. A mí, el daño, mmm… Me da como gustito. Y como te he dicho, soy una persona de violencia cero, física sobre todo. La dialéctica puede ser muy jodida, la psicológica puede ser más dura aún, pero no es física. Si tú maltratas a una persona, mientras no le pegues, puedes hacer  todo lo que quieras. Si yo fuera un dictador, impondría la sonrisa, sería obligatorio sonreír, no reír y luego la violencia, la que quieras, pero no física ¡Nunca! Si tu violencia es dialéctica, me puedes decir lo que te salga de los huevos. Yo, dialécticamente soy un cabrón: bipolar y 360º, soy un nazi y una ultra talibana ¡Soy lo peor! Pero también lo mejor.

¡Vaya! Menudo jaleo de partidos debe de haber en tu congreso mental… ¿Es fácil cabrearte?

Sí. Soy impulsivo, visceral, digo las cosas como me vienen, no tengo paciencia, me enfado, aunque el odio no tiene cabida en mí, tengo clarísimo que tengo odio, pero no odio a nadie. Todo el mundo me gusta. A mí sí me han pegado dos o tres veces, y fíjate, de pedo y por dar besos… Claro que también reconozco que era un beso complicado.

He tenido una suerte brutal: he salido de la cordura, he estado en la locura, se me fue la olla y he vuelto a entrar. © T.C.

Y cuando compones ¿eres igual de visceral?

En mi discurso profesional he tenido mucho cuidado y ahí me comparo a Albert Plá. A mí me emociona. Cuando lo veo pienso ¿Cómo me puede estar diciendo esta macarrada y tenerme aquí a punto de llorar de la emoción? Tiene el talento necesario para decir «Me cagó en tó» pero de una manera exquisita. Mi discurso es muy dulce, digo lo que me da la gana, pero me lo he currado mucho. No hay ni un insulto en toda mi carrera y nada malsonante que haya escrito en las redes… Bueno, hay tacos, puedo decir «¡Qué puta soy!» pero jamás diré «Eres una puta».

Pese a ser tan bien hablado (o cantado) como afirmas, algún tema tuyo revolucionó sonoramente el gallinero…

«Padre», no fue tan famosa pero sí importante para mí porque supuso una ruptura temática y estilística. Era la que decía » Soy pajillero, maricón y drogadicto bakalaero, okupa, rojo, puta y bizco punki, negro y de Alcorcón» y cuando la publiqué en el 99 se armó un gran revuelo. Era una canción muy reivindicativa en un momento en que decir todo eso en España era muy potente. Tanto fue así, que recuerdo una portada de Zero, una revista cultureta, de estilo de vida y gay, en la que aparecí junto a un montón de otros artistas que habían salido del armario. Inmediatamente llamé a la redacción y pregunté: «¿Chicos quién os ha dicho que he salido del armario, y de qué armario?». Siempre digo que me encanta comer pollas pero ¿qué tendrá que ver eso con ser maricón?

 

«Siempre digo que me encanta comer pollas pero ¿qué tendrá que ver eso con ser maricón?»

Te gusta la ambigüedad

Mi discurso siempre ha sido clarísimo, súper abierto, pero he tenido mucho cuidado en jamás significarme en nada. Me significo y no me significo. No me caso con nadie y me caso con todas. Dejo clarísimo lo que soy en mis fotos, no hace falta ni escucharme. Y no lo hago porque tenga que salir de un armario o no, e insisto nunca he estado en ningún armario. Hay que tener respeto total a todo. ¿Tú quieres ser de Vox? Maravilloso, siempre y cuando sepas que me tienes que respetar a mí que soy negra y guarra. Sé puede ser lo que uno quiera en la vida, siempre que tengas en cuenta que lo demás están ahí y que tienen que convivir contigo.

¿Eres llorón?

Mucho, pero llorar de emoción sobre todo. Lloro mucho viendo cine y escuchando música ¡Me pego unas lloreras! Me emociono mucho. Hacerme llorar de sufrir, no tanto. Ahí soy más duro.

Hablando de la imagen, de la tuya, desde el despegue de tu carrera tu fotógrafo de cabecera ha sido y es tu hermano Jero (no hoy, le toca a Thomas Canet) ¿Es por timidez, confianza, lazos de sangre…?

Él empezaba a hacer sus pinitos con la fotografía y yo con mis canciones. Y la portada del primer disco, que lo peté, es suya. Creo que tenemos la suerte de que ambos estábamos muy dotados, y lo digo con toda la gratitud a las musas. Es muy iluminado lo que hicimos al principio. Jero ha sido el fotógrafo de toda mi carrera y lo sigue siendo. Con él poso pero con el resto de fotógrafos no. Él es de las personas más importantes de mi vida profesional, diría que es casi mi 50%. Soy un artista muy pesado con la imagen porque creo que dice más que mil palabras. Tengo la suerte de tener un hermano con el que nos llevamos muy bien, nos adoramos desde pequeños y nos conocemos mucho. Entonces, las fotos que me hace mi hermano son más yo que yo mismo. Cuando salgo feo con Jero, me fascina más que cuando salgo guapo, él sabe retratarme con rollo.

Javier Álvarez retratado por Jerónimo Álvarez. Todo queda en familia.

Y siguiendo con la imagen, para ti el look importa: has tenido trenzas, bigotes, calvas, manicuras llamativas…

Yo diría que es una línea de incoherencia. Yo soy incoherente, pero esa es mi coherencia. Hay coherencia en mi discurso pero a la vez es muy abierto. No estoy obsesionado ni pendiente de mi imagen, pero sí me gusta jugar. Mi hermano incluso es más jugón que yo. No hablo de disfraces sino de ornamentar la realidad y darle un punto. Tengo la suerte de tener mucho pelo en la cabeza y lo dejé crecer durante años y finalmente decidí cortarlo por lo sano. Quería dejármelo como Willie Nelson son sus trenzas y su barba, a mis 88 años quiero ser Willie Nelson.

El artista y sus looks. Fotos del Instagram de Javier.

Y como The End ¿Qué es la felicidad?

Esto.

Esto es todo amigos. ¡Hasta la próxima! © T.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 Replies to “Javier Álvarez: «He tardado 45 años de mi vida en darme cuenta de que nací pedo»”

  1. Me gustan tanto las preguntas como las respuestas. Enhorabuena.

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